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Diferencia y Repetición



El magnetista está sentado en su escritorio negro de diseño italiano. Escribe. Escribe notas en su libro de notas. La lluvia plomiza cae con gotas grises tras los cristales. Y su letra perfecta dice: 

“Ismael abre la puerta con la lluvia a sus pies dejando huellas grises en su paso lento hacia el diván. Se recuesta y detiene su pensamiento antes de hablar…”

De modo abrupto un ruido brutal. Es la puerta que se abre y saca al magnetista de su escritura. Es Azul que entra intempestiva, como una tormenta en madrugada. Esta mojada por la lluvia que transparenta sus senos detrás de la camisa blanca, con minifalda negra y botas de montaña negras. 

“Ismael comienza a hablar pero se interrumpe por la entrada Azul a su sesión y la mira atónito. Sin saber qué hacer…”

Azul no ve al magnetista en el escritorio desde donde escribe. El magnetista la ve divagar por el salón hasta que se pone de rodillas frente al diván. Sus piernas blancas y delgadas y la posición de su cuerpo dejan intuir que no tiene bragas. Vino desnuda. 

“Ismael la mira asombrado cuando Azul lentamente, con la precisión del felino frente a su presa de caza, descorre la cremallera de Ismael y besa despacio su sexo… Ismael mira pasmado al magnetista. El magnetista mira sorprendido la escena y no sabe reaccionar”

Azul arrodillada frente al diván, hace una felatio al aire, al vacío. El magnetista la mira hacer detrás del escritorio, desconcertado. 

“Ismael se retira al goce. Azul lame y bebe, interna su boca y explora aromas y sentidos. Y en un giro inesperado, de esos de gato con luna, sube a horcajadas al cuerpo de Ismael. Todo es tan rápido que el magnetista sólo atina a decir de pie: Azul estas violando la intimidad de mi paciente…”

Finalmente Azul se recuesta sobre el diván, exhausta. El magnetista se acerca y ella no lo ve. Está sola con su diálogo justificante, explicaciones circulares. En Azul toda repetición es diferencia (piensa el magnetista). Cuando ha terminado de dar explicaciones, se levanta y cierra la puerta dejando el perfume de su éxtasis en la habitación. 

El magnetista no fuma. Pero enciende una pipa con tabaco aroma a chocolate para que el humo disipe lo que acaba de pasar. Pero el humo no disipa la lluvia. Es hora. Ismael abre la puerta con la lluvia a sus pies dejando huellas grises en su paso lento hacia el diván. El magnetista sabe que Azul no puede tardar en llegar. Para que haya diferencia todo tiene que repetirse.


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