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Geometría

- Anoche tuve un sueño que me dejó profundamente alterada, dijo Azul sentada en el diván del magnetista.

- Cuénteme, incitó el magnetista indiferente. 

- “Estoy sola en una penumbra. Una boca se acerca a mi boca mientras mi boca se acerca a un aliento, el aliento dice palabras como mar y beso, susurro y tacto. Y entonces la boca me besa y me toca. Me toca el alma y confío tanto en esa boca que floto y me dejo caer en paz. Y siento que caigo pero es la boca la que cae por mi piel, se desliza por mis senos, me aturde los sentidos con sus movimientos de boca sedienta. El contexto es brumoso, parece un sueño. Y abro mi cuerpo, es un impulso, la sensación imperiosa de que otro me gobierne, que me penetre y me bese, y me llame infinita. Siento que cualquier cosa es posible en el desgobierno de mi cuerpo. Y cuando los labios de mi sexo besan esa boca es tal el éxtasis que me despierto exaltada y estoy totalmente mojada, empapada”.

El silencio gobierna el instante en el que un pájaro cruza por la ventana y deja caer una sombra, una línea instantánea entre dos puntos: la mujer y el magnetista, una línea-sombra sólo posible en la geometría del azar.

- La boca que me besa es la suya magnetista, concluyó Azul, trazando una curva recta entre la boca que dice y el beso que espera.


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