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Sombras

Ismael no sueña excepto cuando el Magnetista lo incita en sus sesiones. Para Ismael el sueño es una nube gris que besa su alma distraída. El Magnetista recorre su cuerpo con las manos, organiza energías y se detiene en los ojos hasta que Ismael sueña profundo:

Ella sale y él entra y se cruzan en la puerta de un bar y sus sombras se quedan enredadas en el verbo de hablarse en silencio. Una sombra sale y la otra entra. Se quedan mirándose mientras sus dueños parten hacia nortes diferentes. Detenidas en el umbral de la puerta las sombras no se dicen nada. Despacio se besan y luego se desbesan, se tocan y destocan, se unen y desunen, gimen, y se beben una a la otra hasta que súbitamente sale de las sombras otra sombra, y mata a las amantes. 

Ismael se incorpora exaltado en el diván como volviendo de una pesadilla. Hay dos sombras muertas en la entrada de un bar, y no sé qué hacer con ellas, dijo con angustia. 

El Magnetista lo miró casi con lástima, Ismael, su voz sonó con paciencia, no sabes qué hacer con el amor, por eso matas lo que se besa a la sombra de tu cuerpo.


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