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La buscadora de ayeres

Selene sabía que su diagnóstico estaba equivocado. Un cuerpo experimentado de médicos le había diagnosticado una especie de epilepsia. Con pastillas cada ocho horas podría contener sus recurrentes convulsiones. Pero no, ningún remedio acertaba con su sufrir. Y fue así como volvió a lo del magnetista. 

- No sé que tengo pero no tengo epilepsia, dijo Selene mirando el otoño pasar por la ventana.
- ¿Usted toca el violín?, indagó el magnetista.

- ¿Cómo lo sabe?, preguntó sorprendida. El magnetista sonrió.
- No soy adivino, sólo que he notado las marcas de las cuerdas de violín en la yema de sus dedos

El violín dejando marcas en su cuerpo fue una verdad que desestabilizó a Selene y comenzó a tener una convulsión con los ojos hacia atrás y el cuerpo retorciéndose en plena eclosión de su desesperanza. Entonces su cuerpo amenazó con la noche y apareció una niña tocando el piano y otra tocando el violín. Pero había una descoordinación vital entre uno y otro instrumento, el piano era Schumann (el ruidoso Schumann) y el violín era Paganini (el virtuoso Paganini). Estuvo en ese estado hasta que la luz la hizo emerger del agua de su enfermedad. Al rato, cuando la mente de Selene pudo acompañar los gestos de su cuerpo, el otoño en la ventana le dio la bienvenida al volver. El magnetista permanecía en la misma posición de antes de la convulsión y, por un instante, Selene tuvo la impresión de que sólo ella se movía y que todo había quedado suspendido en el tiempo y el espacio. La sonrisa del magnetista desmintió esa percepción y puso en movimiento el presente. 

- Selene, usted no tiene epilepsia, afirmó el magnetista pausadamente, usted lo que tiene es analepsis, simplemente, analepsis
- ¿Eso es grave?, preguntó Selene, ignorante.
- En cada convulsión usted viaja al pasado. La convulsión es el mecanismo de su psiquis para entrar en trance y poder ir hacia el pasado. Por eso, quizás, quiere nacerse, quiere meterse en su útero y nacerse. El pasado no es para usted más que el recurso necesario para escribir el presente. Tengo un paciente que tiene prolepsis. Hace lo mismo que usted pero él se proyecta hacia el futuro. Le menciono a otro paciente sólo para que comprenda que es habitual viajar en el tiempo. Usted es simplemente alguien que necesita volver a buscar algo que perdió en el ayer y que cree que es vital para el hoy. No es más que eso: una buscadora de ayeres

Selene y el otoño tienen un pacto. No se hablan pero se besan. Sus bocas se tocan en el silencio que precede al beso. Quizás por eso Selene está llena de hojas marchitas y palabras inconclusas que vuelan hacia el mañana en un viento que desde siempre sopla en el ayer.



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