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Amar cansa

Berenguer entró al consultorio devastado por la tarde. La luz que venía de la puerta lo perseguía como se persigue a un animal herido, hasta el último aliento, hasta el último minuto. Dejó caer su cuerpo en el diván, se recostó pidiéndole al cielo que lo dejara en paz. 

- Estoy cansado de amar, dijo Berenguer abatido. No se había afeitado ni bañado en los últimos cuatro días.
- Buenas tardes Berenguer, dijo el magnetista poco condescendiente. Berenguer notó un tono de voz que le dejaba claro que no había entrado a un bar a tomarse unas copas.
- Perdón, estoy exhausto de amar y ya no puedo ni respetar los mínimos acuerdos sociales. Sepa disculpar.
- El amor, Berenguer, cansa si es una necesidad. El amor como necesidad es una tragedia. ¿Usted necesita que lo amen o ama por necesidad?, indagó el magnetista aliado con la luz en la tarea de beberse de un sorbo el último aliento de Berenguer, cansado de amar.
- Necesito el amor como el agua mi cuerpo, por eso amo por necesidad, dijo Berenguer consciente de su tragedia: amar como destino se convierte en una bestia que nos devora la vida inexorablemente.
- La necesidad se opone a la libertad: libertad quiere decir ausencia de necesidad, ¿me entiende Berenguer?, preguntó el magnetista con el dedo apoyado en la llaga. El magnetista se puso de pie, Berenguer lo vio inmenso, imponente con su boca sensual y sus manos tibias, el amor hay que tomarlo como una contingencia, como un azar, como un hecho fortuito no como una necesidad. Déjese encontrar…repetía el magnetista fuera de sí, a los gritos. 

¡Berenguer! ¡Berenguer!, la luz entraba por doquier en sus pupilas y se bebía su cuerpo entero a tragos: Levántate que llegarás tarde al trabajo, gritaba su madre. Y deja ya de soñar con ese magnetista que te vas a volver loco. Toma, hoy te pondrás esta camisa y estos pantalones. Apúrate que no tengo tiempo y tú ya tienes 43 años. ¡Berenguer! ¡Vamos! Apúrate te digo.


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